martes, 14 de febrero de 2012

Recuerda, no me sigas.


Cita a ciegas II: Forever Soltero



Historia: Recuerda, no me sigas.
                                

Cantidad de palabras: 5,500.


Sinopsis: ¿Amistad o amor? Es una pregunta que eventualmente llega a la cabeza de cada adolescente. ¿Acaso está mal amar a alguien? ¿Aunque esa persona no lo sienta de la misma forma? Uno no escoge de qué persona enamorarse, nuestros corazones laten con fuerza y rapidez cuando el momento llega, con mucho trabajo nos damos cuenta de que es lo que realmente sentimos por ella. ¿Confesárselo? No lo creo. El miedo a un rechazo es algo que siempre estará presente. Muchas personas preferimos no afrontarlo, aunque algunas otras prefieren tomar riesgos. Hablar de las distinciones entre amistad o amor, es algo sumamente difícil en estos tiempos.






-Sí, he tenido pareja.
-¡Entonces deberías apoyarme!

¿Cuántas veces son las que he escuchado esa respuesta? Con el pasar de mi vida no puedo evitar entrometerme en los asuntos que de verdad no me interesan...

-Te apoyo, pero no creo que estar llorando tus desgracias sea la solución.
-Pero... – Con sus manos limpia las lágrimas que se juntaron en su rostro.
-Pero entonces escúchame. – Le digo, mientras tiro atrás su cabello rubio. – No vale la pena estar siempre con el mismo humor, a la larga le caerás mal a la gente.

Aun así, algo en el fondo me dice que debo hacer algo para hacer notar a aquellas personas que misteriosamente se acercan a mí, en busca de amistad, una pizca de una diferente forma de pensar.

-Bien, intentare calmarme un poco. – Eso ya es un avance.
-Entonces, Caro... ¿Cómo fue que terminaron?
-¡Fue muy rudo! ¡El llego diciendo que lo nuestro termino si quiera antes de empezar! –
-¡Por dios! Tranquilízate mujer. – Le grito, logrando que abra los ojos como platos
-Pe-perdón Iván, me deje llevar por un momento.
-Ya, igual yo. Es solo que sabes la actitud que tomo con temas como estos.
-Lo sé, y es por eso que agradezco que te tomes tu tiempo para hablar conmigo. – Eso, y que no tengo nada que hacer.
-Señorita Diana Carolina, favor de pasar por su paquete. – Una voz casi robótica se escucha, haciendo eco en todo el lugar.
-Mi turno, regreso de inmediato.

Buscar o no ser buscado, siempre termino metiéndome en este tipo de situaciones, como si atendiera  un confesionario al cual las personas  van por consejo y perdón... solo que yo no tengo que perdonar nada, solo  escuchar y decir una que otra frase la cual es posible que embravezca el ser a quien sea dirigida.

-Eso es todo, podemos irnos ya. – Dijo Caro, sosteniendo una caja de considerable tamaño.
-De acuerdo, pero déjame ayudarte con eso.
-No no no, yo soy perfectamente capaz de cargarlo por mi cuenta.
-Bien.

Salimos del establecimiento, el cual fue construido a principios de año... ¿Febrero? Quizá Marzo, el chiste es que para hoy Agosto está listo y funcionando.
Me encontraba caminando, con Carolina, a quién conozco probablemente desde... ¿un año?

-Déjame darte algo, me has estado escuchando desde hace tres días. – cambio de comportamiento, que  me saca de mis cabales.
-No me importa mucho que puedas darme, estoy bien así.
-Que frío eres. – Inflando sus mejillas me empuja con su hombro a un lado de la calle. – Aun así te daré algo.
-Como sea.

Esta historia, relato, telenovela, o como le llame la gente que se involucra. Caro, llevaba saliendo con un sujeto, el típico patán que uno mira y se pregunta: “¿Cómo un idiota de semejante calibre puede ser apreciado por alguien?”,  Grande como un ropero y posiblemente con igual masa cerebral. Rodolfo, un idiota certificado termino con Caro, aparentemente usando las palabras... – “Mi amor siempre correspondieron a las olas” – haciendo alusión a una compañera llamada “Mar”, más detalles son innecesarios, todo está claro

-Llegamos, subamos a mi apartamento. – Dijo buscando su llave.
-Sabes que terminaremos comiendo en el mío. – Como siempre.
-No seas aguafiestas, después de todo siempre limpio los trastos.

Refunfuñando, subimos al departamento de Caro, en el que cuidadosamente buscó un lugar especial para colocar el paquete “recogido”.

-¿Qué hacemos mientras?
-Podemos jugar algo, ¿videojuegos quizá? – Dijo mientras levantaba varios controles
-Es lo mejor que he escuchado en todo el día.

Sin perder el tiempo, discutimos un poco por cuál sería la mejor a conectar. Los votos daban a favor de una PlayStation bastante antigua y usada
El único juego dentro de ella y una pequeña televisión daban como resultado el misterio llamado vicio.

-¿Ya estás mejor? – Sí, soy muy directo.
-Algo, ya no duele como antes. – responde, sin apartar la mirada del juego, en el que por cierto me está destrozando.
-Es bueno oír eso. – Suspiro, no recordaba ser tan malo jugando.
-¿Preocupación? Es inusual en ti... ¡Toma ya! ¡Gane!
-Llámalo consideración pasajera, mañana volveré a ser el de siempre; por cierto, la revancha ahora.
-Como quieras, volverás a perder, jojojo.

Seguimos jugando largo rato, hasta que por cansancio o por  frustración de perder en un juego en el cual recuerdo era bueno, entra la noche. No hemos comido, y mi estomago canta la sinfonía tan escuchada de aquellos en el mismo dilema que yo.

-Estoy famélico.
-Sí, yo también tengo sed.
-Significa que tengo hambre. – Corrijo en tono molesto.
-Cierto cierto, yo escuche otra cosa, jiji. – Caro se levanta, entrando a la  cocina.  La escucho abrir algo y colocarlo en el microondas. – ¿Te gusta la pizza?
-Como a todos.
-Bueno,  prepárate para comer pollo asado recalentado. – Tramposa.

Aunque no está mal, incluso parece más sabroso que la pizza.

-Vez, en esta ocasión no acabamos comiendo en tu apartamento.
-Punto a tu favor, con cien en contra.
-Algo es algo. –Dice tomando lo último de jugo de piña de su vaso.
-Una pregunta. – Necesaria, muy necesaria según yo. – ¿Qué hay en la caja que recogiste?
-Ah... la caja. – No parece muy contenta de recordarla, aunque la cargaba con alegría. – nada en especial.
-¿Puedo saber que hay en ella?
-Sí, si quieres. – Caro se levanto, caminando lentamente a la esquina de su apartamento donde la dejo. – Verás, tenía pensado darle esto... a ya sabes quién.
-No me digas... – Del interior de esta, saca algo lejos de ser normal.
-Los de entrega demoraron, así que fui a recogerla. Es una lámpara.
-Si la viese pensaría que una medusa ataca mi cuarto, no que es una lámpara.
-Eso mismo pensé... pero ahora no la necesito. – Su mirada, parece que le lastima tenerla.
-Yo me la quedare.
-¿Perdón?
-Si no la quieres, igual te pago por ella.
-No no no, claro, puedes quedártela. Tómalo como eso que te prometí. – Me entrega la medusa, digo lámpara, sonriendo nuevamente.
-Gracias, le daré de comer tres veces al día.
-Cállate, jajaja, no te burles.

No hay más que hacer en el apartamento 009, ahora solo debo entrar al mío, al 010.

-Gracias por todo Iván. – Tierna como solo ella, se despide balanceándose en el marco de su puerta.
-Gracias a ti por la medusa, nos vemos.

Solo doy un paso y ya me encuentro en mi apartamento. A pesar de pertenecerle a un muchacho como yo, de 21 años, está perfectamente ordenado.
Es hora de dormir, pero no antes de probar la agraciada “medusa” que me provoca a que la conecte
¿Le quería dar esto? – La pequeña brilla en diferentes colores, dejándome elegir el color a su gusto. – Es adictivo. – Ver el cambio de colores con tan solo un desliz... esta noche no duermo.

-Iván, despierta.
-No... La medusa aun quiere jugar.
-¿Medusa? ¿De qué hablas? Vamos levántate.
-¿Caro? ¡¿Qué haces en mi apartamento?! – Diablos, juro que de ser alguien más, ni ese alguien ni mi medusa existirían. Hubiera estrellado la lámpara en su cráneo.
-¿Qué qué hago? Despertándote. Creo que tu pregunta es “¿Cómo entraste?”
-¿Podrías “iluminarme”?
-Sé cómo usar ganzúas.  – Eso no me relaja para nada.
-Siendo tú, creo que puedo estar tranquilo.
-¿Verdad? Bueno vamos, tenemos todo un día por delante.
-¿Para?
-Para salir a pasear, hoy me encuentro bastante animada y no voy a dejar que este día se vaya de mis manos diciendo luego lo bueno que estuvo.
-Si insistes de ese modo... solo puedo quedarme a dormir más.
-¡Iván!

No hay nada que me convenza de levantarme y salir en una mañana de domingo. Y cuando digo nada, es que ni el papa o la madre teresa en estado zombie, na...

-El día hoy es agradable ¿No?
-No sé cómo demonios lo hace. – Supongo...
-Vamos, vayamos a la feria. Va a ser divertido. – De tirones y casuales empujones, Caro me lleva por la calle hasta llegar a la tan especial feria.
-Deberíamos estar estudiando.
-Estudiaremos los efectos del azúcar en el cuerpo humano. – Eso lo vimos la semana pasada.


Tiro al blanco, golpear a un pato de madera con un corcho... todos los juegos imaginables y unos tantos más que solo saldrían de la mente de un psicópata están en esta feria.
Todo el día no ha sido sino ir para ahí y venir para acá, corriendo y caminando erráticamente por el cansancio y las ganas de beber algo que no tenga azúcar.

-Esto ya fue muy divertido, pero no puedo esperar para ir a casa.
-Este último y ya, lo prometo. – Algo de Caro, es que siempre cumple sus promesas, por más ridículas que suenen.
-De acuerdo, subamos a...
-A la rueda del infortunio.
-Es, “rueda de la fortuna”. – Es algo patosa, siempre debo corregirla en pequeños detalles.
-Eso mismo.

Venir a la feria, ¿Es parte del plan de Caro para calmar su mente? Si es así, ¿Por qué venir conmigo? Como lo veo, yo la paso aburrido para que ella pueda recuperarse a costa de mí, irónicamente, creo que eso es lo que me hizo venir, saber que ella se puede reponer.

-Gran vista, ¿No lo crees?
-Tampoco es tan grande la rueda.
-De todos modos, cualquier cosa que se levante a más de tres metros siempre se ve gigante. – Dijo, mientras colocaba su bolso en sus piernas.
-¿Cómo te sientes? ¿Todo tranquilo?
-Mejor que tranquila... – Ya sea por el sol, o por otra razón, debajo de sus ojos se colorea un tono rojo. – estoy algo emocionada.
-¿Emocionada? – Algo inusual en las personas después de un rompimiento – Bien por ti. – Creo.
-Me di cuenta, que llorar no era la solución...
-Nunca lo es.
-Sí, nunca lo es. Pero di con eso cuando pensé a fondo la relación que mantenía con Rodolfo.
-Pensó en él sin llorar, vaya, se está recuperando a un ritmo record. – Estupendo.
-Pero... no me había dado cuenta, que la verdad yo nunca ame a Rodolfo.
-¿Eh? – Justo cuando dije, eso, la rueda se detuvo. – No lo entiendo.
-Claro que no, no es posible que sepas sobre todo. – En un espacio tan pequeño es imposible moverse. Caro levanto su cuerpo, abalanzándose sobre mí... dándome un beso.
-...no debiste hacer eso.
-Lo sé. – Culpa y felicidad salen de su boca, de sus palabras.
-Tienes en mente muy bien que no voy a tener algo contigo.
-Lo sé... – De nuevo esta frase, pero esta vez, lágrimas son las que acompañan a Caro. – pero debía liberarme de ese sentimiento, hacer que lo sepas.
-Tonta. – Yo soy quien ahora me inclino, para darle un pequeño toque con mi dedo en su frente. – Soy la persona menos indicada para enamorarse, soy huraño, quejumbroso y un mundo de etcéteras.
-Pero aun así, eres una gran persona.
-Pero es por eso, que no puedo estar ligado a alguien.
-Y lo entiendo, Iván.

La rueda volvió a avanzar, lentamente bajando hasta dejarnos salir a ambos, en forma lenta camino por el concreto

-Ya podemos irnos, hemos terminado todo.
-Sí, hemos acabado lo que hacía falta.

El largo camino a casa... lo recorremos con una sabor extraño, al menos yo,  pero con un presentimiento que ella igual lo siente.
El conjunto de apartamentos, tan viejo como siempre, subir a los nuestros es fácil, pero ahora tiene algo especial...

-Gracias por salir conmigo Iván.
-No hay de qué.
-También, disculpa mí...
-No hay nada que disculpar. – Interrumpo, debo hablar de algo antes de que en este día dejemos de vernos.
-Iván...
-Carolina, yo no soy quien deba estar contigo, mereces a alguien que de verdad te quiera más de lo que yo ahora. Yo estaré aquí, para empujarte en la dirección correcta.

Las lágrimas se convierten en lágrimas de felicidad al parecer, el rostro de Caro vuelve a sonreír, dejando en claro que en ella aun parece haber esperanza de un mejor encuentro.

-Gracias Iván, nos vemos mañana.
-Claro, hasta mañana, descansa.

Sí, ese soy yo...

De hace tiempo a ahora  muchas cosas han pasado por mi cabeza. Sentada en este café que me impide hacer oídos sordos al bullicio, mientras mi curiosidad me gana y abusa de mí, quiero saber, saber que hay más allá...

- Deseo, ¿acaso es algo mundano?

Doy un sorbo, dejando que el sabor a mocachino juegue en mi paladar, ciertamente no tengo ganas de perderme en la semántica y mucho menos en el tecnicismo sobre paradojas mentales, solo quiero saber, saciar mi curiosidad... – ¿Pero de qué? – Algunos pedirían saber cosas técnicas, lujuriosas; o cualquiera de las amplias gamas que se encuentran volando por todas partes. Yo solo quiero aprender cosas que me parezcan interesantes.

-¿Un camino herrado quizá?

Un día me pregunte si ser muñeca era algo malo, y francamente el tiempo y los años me hicieron pensar que ambas situaciones son válidas, según las cosas en las que se miren.
Me pregunte si había algo en mí a no poder ver en un mundo de fantasía, pero entonces los adultos de esa época disiparon mis dudas... solo que al ver que no surgía efecto sobre mí decidieron cambiar las reglas del juego. – “No digas cosas que no entiendes”, “eres demasiado joven”.

En ese tiempo resulto ser algo más útil y “entendible” para mi conciencia, ignorando que algo fallaba; jugar, comer, reír, soñar. Algo necesario para todos nosotros... hasta ese punto era normal.

-¿Entonces en donde está el punto? ¿Dónde?

Pero he aquí la diferencia de mi distracción y forma de actuar. No podía actuar como un niño asustado que solo puede llorar frente a un problema, que se esconde al ver una pelea o discusión, que guarda silencio si algún adulto creyera prudente “castigarte por hacer algo malo”

Dejando de lado, las ocasiones de castigos merecidos. El sentimiento era aún peor cuando veía esos ojos  atormentados cuando alguien denominado “niño” lograba desenmascararle la culpa, romper su ego y dejarlos expuestos, entonces la diferencia se hacía  notoria.
Un niño llorando de miedo, y yo parada frente a aquel adulto echándole todas sus culpas a la cara. – Se supone que teníamos la misma edad.  – Fue la primera vez que esa idea cruzo por mi cabeza... Volverme una muñeca capaz de camuflarse con el resto, hasta que llego un punto en donde se perdió la línea entre lo fingido, y lo guardado.
Fue cuando ese “horrible yo” volvió a salir...

Cuando me di cuenta que me había perdido entre mis ideas, el mocachino se me había terminado y no me quedaba ni una mísera galletita sobre el plato.

-Joshi, Joshi. ¡Hey! Hola~ planeta tierra, ¿Podrías dejar tu mundo imaginario? Llevo  cinco minutos hablándote.
-Eso es porque llevo esperando dos capuchinos, tres pasteles y un helado. – se muestra molesta, pero aun así toma asiento al lado mío, en la mesita de café.

Es mi mejor amiga y tiene una extraña fascinación por los frutos rojos, odia a muerte el color café y el maní... eso la obliga a teñirse su castaña cabellera a un rojo oscuro, así que disfruto llamándola “coco”, aunque su nombre  sea María...

-¡Jocelyn! ¡Lo estás haciendo otra vez!
-¿Eh? perdón, me perdí pensando en ponis hitlerianos y las guerras de las galaxias. – Respondí con seriedad.
-Muy graciosa señorita. – Reclamo con cierto aburrimiento, usando su mano de almohadilla.
-Y bien, ¿Cuál es el tema de hoy? Nunca me citas temprano en el café solo para ver pasar a la gente, menos en  temporada de exámenes.
-Eh, bu-bueno... – tartamudeo un poco– ¡Termine con Ian! – Abrió la boca de golpe... ¿eh?
-¿Qué?
-Eso, lo que escuchaste. Termine con él ayer por la tarde, era ya muy noche como para llamarte, por eso te cite... ¿Joshi? te ves... ¿atormentada?

 La primera idea que cruzo por mi cabeza fue la de salir corriendo a toda velocidad, esto no se trata de una simple pelea de pareja.
Mi instinto femenino me dice dos cosas:
–Ir al toiled, por mucho consumo de líquidos.
–Lo segundo, que se avecina una larga charla de “porqué lo dejo” “que hacía mal”.
Siempre es así, aunque trate de mantenerte al margen del asunto, siempre ocurrirá algo... que me dejaba en medio, un tema de poco agrado.
Pero por el bien mental de mi amiga….
Aunque seguramente esto terminaría en un “eres demasiado extremista”

-Coco, – suplique. – necesito ir al baño.
-Te acompaño. – Cierto, las mujeres tenemos esa costumbre... que olvide por un milisegundo.

Y no es que no quiera ir sola, es que generalmente las puertas fallan, algo falta y necesitamos quien sujete. Claro, también para sostener una que otras cosas. Es esencial dejar ciertos puntos en claro.

Mi amiga coco, es la chica dulce e inteligente con buenas calificaciones que, – Ah... que va. – Es una inocentona que cree que tiene mucho carácter,  pero es un amor de persona... al igual que predecible hasta cierto punto.
Lleva toda la preparatoria con el mismo sujeto, al cual he tenido que aguantar charlas de lo maravilloso que es, lo perverso y ruin que puede ser. Por desgracia de algunos incluyéndome, ese “sujeto” tan sexy y adonis patológico “según ella”, que acapara las miradas no es otro que... mi hermano mayor. En un momento de poca lucidez, donde no sé en qué rayos estaba pensando, se me ocurrió presentarle a la inocente coco, como termino “eso” ya la saben

-A ver si entendí, terminaron porque olvido tu cumpleaños, mato a tu hámster, te dejo plantada y luego... de eso me perdí.
-No tengo hámster. – Me corrigió desde fuera de la puerta. – Pero lo demás va más o menos así. ¡Y ya sé lo que me dirás! Que me lo advertiste, que no de vueltas al asunto... – Su tono deja en claro que me quito las palabras. – pero ¡Llevamos cuatro años!
-Si te pones así la charla es más fácil. Que...
-¡Jocelyn Andrea! – La puerta la abrió de golpe, haciéndome quedar sentada sobre la tapa del inodoro algo aturdida.
-¡Hey! – Chille algo avergonzada, a lo que coco solo se cruzo de brazos.
-¿Pensabas tenerme más tiempo esperándote fuera? Si terminaste hace bastante.
-Eh... ¿Piedad? – No tengo otra respuesta, así que me toca correr por mi vida, lavarme las manos y volver a la mesa – ¿Qué quieres que te diga? Mi hermano es, ¿mi hermano? Además fui la primera en mostrar mi inconformidad, ¿Hicieron caso? No.
-¿Entonces por qué no me advertiste? Eso haría las mejores amigas.
-Te hice una lista con quinientas treinta y tantas cosas que  odio de él ¿No? Si mal no recuerdo la tiraste por la ventana del apartamento.
-Creí que era una exageración. – Coco tosió, haciéndose la desentendida. Ordenando un par de cosas al camarero. – ¿Quién haría una lista con lo que no le gusta de su hermano?
-Yo.
–...

Tenía planeado abrir la boca nuevamente, pero antes que nuestra conversación continuara, una mata de cabello negro apareció corriendo, tomo la dona sobre la mesa y la metió abruptamente dentro de mi boca, dejándome muda momentáneamente. Coco la miraba sorprendida.

-Sabía que estarías aquí, ¡Necesito hablar contigo! – Mi hermano... ¿Cómo supo que estaríamos aquí?
-Pues yo no quiero hablar contigo, no nos interrumpas.
-Así que tan importante es lo que están haciendo...
-Sí, lo es. Jos y yo estamos trabajando en un proyecto de cortometrajes.
-¡Pff! La última vez que Jos se preparo para algo así término desesperándose y estrellando su cabeza en la pared. – amor fraternal gritado a los cuatro vientos
-¡Claro que no! Es nuestro proyecto, no te metas.
-Bien señorita. – Dijo Ian. – ¿Podría decirme cual es el tema de ahora?
-No te incumbe, pero sí quieres saber, es sobre como no existe la media naranja, gracias por el primer lugar.
-¿Seré tu inspiración?
-Pero claro, gracias a ti disfrutare la soltería en primera mano para ponerla como experiencia.
-¡Ma-Ma-María! No digas eso. 

De toda la vida creí que mi hermano era una especia de mascota, aparentaba esa postura de chico duro, pero cuando se le veía con coco era obvio de decir quién era el que se derretía. Sabía manejarlo, siempre fue más domadora que novia.


-¡Nos vamos! – Sentí que me jalaban de la mano mientras tragaba lo último de la dona y mi hermano reclamaba por tener que pagar la cuenta.
-¿No crees que se enojara más? – le di el ultimo mordisco a la dona, y pregunte antes de terminar peor
-Menos no podría importarme, nadie la manda a que nos siga.
-entonces... ¿no debiste citarme en un lugar que él no conociera?-
-………  Al grano, vamos. – Arrastrándome, pero esta vez por la ciudad.
-¿Pensaste en algo? –  coco. Cambio bruscamente el tema. Por lo que preferí preguntarle sobre el cortometraje
-Solo tengo una idea de lo que puede ser, pero promete ser grande, algo inimaginable.
-no planeaste nada verdad. – digo, a lo que solo enarco una ceja
-Es que...
-yo solo tengo una idea emo pseudo existencial que pensé mientras no llegabas… ¿Y qué haremos? –
-¿No es obvio? Buscaremos inspiración por la ciudad.

Debemos cruzar la ciudad en busca de ese “algo” que hace falta para poder ponerlo en acción.
Me esperaba que coco se enojara o llorara a mares por ver el millar de parejas regodeándose por la ciudad, se acerca esa fecha después de todo.
Ella solo me arrastra por su ruta aparentemente ya trazada, como si fuese un peluche o algo similar.

-¿Estás prestando atención a tu entorno? 
-Lo detesto.
-¿eh?
-Es la verdad, es un creído. – Diría más bien como un perro sin dueño. – y siempre buscaba atención de una forma u otra.
-Ah vaya, entonces, si usamos el tema de….

Creo que una pelea con “final” era lo que faltaba para que descubriera, que coco….era algo bipolar en el tema… más que nada porque no entendía nada de lo que decía

-¡Ya no puedo más, es un castigo estar haciendo esto! –
-¿Sigues con eso? Vamos, que...
-Soy la única que en verdad le importa, espero que la esté pasando peor que yo.
-Coco, si no te enfocas...
-¡Me importa menos que un bledo! ¡Estoy mejor sin él!
-entonces...
-si quieres decir algo dilo
-¡Ay mujer cásate con él, ten tres hijos divórciate, y ahí te diré “TE LO DIJE” con justificación y papeles legales, que yo ya me arte de escucharte!

No fue la mejor respuesta, lo que siguió a mi momento de hiperactividad e impulsividad, fue un enorme sermón, regaño cobranza de sentimientos sucios y cargo de conciencia por parte de coco…


-Vamos, pon el disco bien.
-Eso intento, es solo que parece lo puse al revés.
-No tienes remedio, eres muy patosa.

Con mucho ingenio, corriendo por todos lados con cámara en mano y soportando los cambios de humor de coco, terminamos dicho cortometraje y nos encontramos ahora paradas frente a un grupo de personas, amantes y aficionados.
Nuestra idea no es exactamente lo que uno llamaría “convencional” pero yo pienso que es bueno para defendernos y quedar bien.

-Ya estamos listas. – Exclama coco en señal de triunfo.
-Sí, solo nos falta que nuestro trabajo guste a todas estas personas. – Son bastantes para un concurso de este tamaño.
-¿A qué te refieres? – Dice coco algo confundida. Tenemos el concurso en las manos.
-Si fueran unas tres personas las que nos juzguen es posible, pero hay más de veinte ahora mismo apunto de observar lo que hicimos.
-Aun así... no hay que perder... la confianza. – Una sonrisa algo forzada cerrando los ojos, coco se ha percatado que esto no es fácil.
-Aquí vamos...

Empieza a recorrer nuestro trabajo, se ve mejor de lo que esperaba y por primera vez en algo entre lo que se puede llamar “serio” coco no tartamudea como suele hacerlo en ciertos momentos.
Nuestro cortometraje está ligeramente por encima de los demás... este no trata sobre “las parejas enamoradas” o “las cosas hermosas que hace el amor”. No, trata sobre el tema de las relaciones y como el ser humano no solo debe enfocarse en conseguir un todo con otro ser, también hay cosas más importantes... una buena amistad entre y más cosas que por el tiempo no hubo oportunidad de captar.
Nuestro turno, que por cierto es el último, termino con aplausos de toda la sala, aquellos que gustaron y otros cuantos que aplauden para aparentemente no menospreciar el trabajo.

-Fue bueno ¿No? Parecen satisfechos con lo que hicimos. – Sigue con esa expresión.
-Ya lo decidirán con la última palabra. – O voto, es lo mismo.

No tengo en mi conocimiento sobre cómo se tratara esto de elegir a un ganador. Todos los espectadores se mueven como si fuesen hormigas siguiendo una tras otra, hasta dar con cabinas... al más puro estilo electoral.

-¡Están votando, están votando! – Coco no puede contener su emoción.
-Mejor siéntate y esperemos que anuncien al ganador.

Lentamente la zona donde todos votan queda vacía, quitando las cajas donde cada pequeño papel fue introducido, ya podrían actualizarse un poco y usar un método más avanzado.
Pudieron hacerlo más de emoción, justo cuando estaba decidiendo que hacer,  un señor de una edad ya considerablemente avanzada sube junto a la pantalla, sosteniendo un trozo de papel.
Los ganadores son anunciados, pero para mala suerte ninguno de los nombres son de nosotras.

-Mejor nos vamos, no haremos más aquí. ¿Te parece ir por algo para tomar?
-Cla...claro, aunque a esta hora no tengo gran antojo de algo. – coco esperaba mucho de este concurso, viendo solo sus pies al avanzar.
-Participamos y nos divertimos. –Bueno, algo. – eso es lo que cuenta al final.
-Sí, estás en lo cierto. – Ese cambio de humor típico de ella, levantando su rostro y sonriendo.

Pero, no puedo decir que no me lo esperaba, sinceramente muy en mí me veía subiendo por segunda vez ahí recibiendo el premio... sea el que haya sido...

-¡Disculpa! Una voz se escucha desde dentro de este lugar.
-¿Eso fue para nosotras? – Pregunta coco, igual de confundida que yo.
-No lo sé.

Volteo para ver si era esa llamada para nosotras, viendo como un muchacho y una joven salen dirigiéndose donde nosotras.

-Ah, qué bueno que nos escucharon.
-Te dije que si alzabas la voz te harían caso. – ¿Quiénes son?
­-Si, estabas en lo correcto. – Nos han llamado, pero de pronto se han puesto a hablar entre ellos.
-¿Para qué nos detuvieron? – Interrumpo a ambos, enfocando sus miradas en mí.
-Es verdad, lo estaba olvidando. – Tose un poco aclarando su garganta. – Ustedes fueron las concursantes del último cortometraje, ¿cierto?
-Así es. – Dijo coco – ¿Te ha gustado verdad? Juju, es natural. – De nuevo cambia su actitud a una algo orgullosa.
-Coco, al menos ten un poco de...
-Sí, la verdad es que nos gusto mucho su trabajo, es una lástima que no ganaran.

Nos atrapo por sorpresa, cuando coco y yo éramos ahora las que empezarían a hablar entre nosotras, este muchacho dijo esas palabras... que posiblemente sea la única persona que haya gustado de lo que mostramos.

-¿De verdad te gusto tanto? –Hablo en un tono más serio. – Es decir, nos movimos un poco del tema original del que trataba.
-Es posible, pero no fue un cliché como el resto y cada una de las historias que compusieron el concurso.
-Vaya, gracias eh...
-Iván.
-Y... – Pudieron presentarse primero, ahora parezco un poco torpe al intentar saber sus nombres haciendo una pausa pensado lo que debó decir.
-Carolina. Es un gusto.
-Igualmente. Me llamo Jocelyn y ella es coco. –Presento a mi amiga, moviendo mi mano en su dirección.
-No me trates como si fuese alguna clase de mascota... Me llamo María, es un placer.

Luego de presentarnos, los cuatro nos movimos un poco para hacerles paso a las personas que ahora están saliendo del lugar donde el concurso se llevo acabo...

-¿Vinieron como pareja a ver el concurso?
-Oh no, para nada. – Ambos vuelven a voltear a verse, dejando ver un pequeño enrojecimiento en el rostro de Carolina.
-Solo somos amigos, y nos tenemos para apoyarnos... solo eso.
-Entiendo. – Vagamente, pero entiendo.

Ambos parecen felices de cómo están ahora, pero se puede sentir que uno de los dos no piensa tan de esa manera. Esto no es difícil de notar, pero si hablamos de coco...

-Yo creo que harían una bonita pareja. esto es invisible ante sus ojos.
-N-no, estamos bien, de verdad. – Dijo Carolina, agitando sus brazos rápidamente.
-Eh... pero... – Acaba de terminar con mi hermano y se pone así.
-Coco. –La quedo viendo como si se tratase de un perro al que le hablo, aunque no es que quiera decir que ella lo fuera.
- tan fría Jos, siempre te pones en las mismas. Es mejor que se moleste a que siga hablando.

No es que sea fría, pero la forma de comportarse de ambos, aunque no los conozca, deja en claro que algo pasó. Iván se mantiene serio sin ningún tipo de expresión, como si no le importara lo que estén diciendo de él. Carolina por su parte, no deja de jugar con sus manos mientras sus ojos bailan mirando a todas partes.

-Bueno como sea, – Dijo Iván chocando ambas manos, captando la atención de todas. – de verdad quería expresar cuanto me gusto su trabajo.
-¿Podrías ser un poco más exacto? – Pregunto coco, mientras sus aires de grandeza regresaban
-Bueno, fue un trabajo con un mensaje profundo a tomar muy en cuenta. – Iván avanzo, colocándose en medio de las tres.
-¿Cuál mensaje?
-Coco... me está dando vergüenza decir que el cortometraje es dual.
-¿Acaso tu sabes de lo que habla Iván?
-Pero claro. – aclare, algo desilusionada. – Si fuese lo contrario sería una madre desnaturalizada.
-Jejeje, bueno no creo que sea así de drástico. – Hablo Carolina, acercándose un poco más.
-¿Es qué acaso soy la única que no entendió?
-Ya, lo diré.

Los ojos de Carolina parecen decir, “Oh, que muchacha más despistada” al observar sonriente a coco, quien no aparta la mirada de Iván.

-“Aprecia también a tus amigos”, o más o menos eso. No es cómo lo pueda decir, sino como lo siento. Pero en pocas palabras es eso, no dejarte llevar por las emociones que causan un enamoramiento.

Impresionante. Sí, no son las palabras que yo intente plasmar con el trabajo, pero son las más acertadas que esperaría de alguien que no vio todo el proceso por el cual pasamos coco y yo.

-Da gusto ver a gente que se sale del régimen y piensa de esta manera. – Estoy siendo sincera, es relajante encontrar alguien que comparte mi punto de vista
-¿Me salgo del régimen? Gracias, aunque no sé si deba agradecer por eso, jejeje. – Juraría que su forma de comportarse sería muy seria, pero se le ve muy alegre.

No ganamos, pero es bueno ver que por lo menos una persona se intereso y entendió lo que hicimos...

-¿Es eso, no? – Con una suave voz Carolina hablo. – lo que sucedió.
-Carolina, estás... ¿Está llorando? – Incluso para coco esto es fácil de notar.
-¿Sucedió algo? –intento no inmiscuirme, pero...
-Déjala terminar de hablar. Iván me detuvo antes de si quiera dar un paso.

¿Qué está pasando? Todo se veía muy alegre con Iván explicando un punto de vista imposible de ver para coco. Parece que algo surgió con eso que dijo.

-La razón por la que no decides relacionarte más a fondo con otras personas...
-Mhn... –  Iván no respondió, solo soltó un pequeño gemido.
-Es obvio, y más cuando escuche lo que dijiste... como si el cortometraje fuese hecho pensando en tu punto de vista Iván.

Coco y yo nos hemos quedado heladas, era algo que no nos correspondía saber

-Me dije que ya lo había superado y que estaba mejor, pero no me puedo mentir mientras esto siga… hay. – A decir verdad, tengo ganas de irme... pero mis piernas y coco me lo impiden.
-.... – Iván guardo silencio, al parecer para pensar sus palabras lentamente.
-“¿Está bien si seguimos viendo esto?”
-“...corre sin sentirte mal. Entonces te seguiré.” – Le digo a coco, que parece más preocupada que el mismo Iván.
-Caro... – Por fin, fue poco pero cada segundo se lograba sentir en los hombros. – te dije que estaría aquí para cuando necesitaras un empujón.

No logro entenderlo ni quiero inmiscuirme a un tema donde no me invitaron. Iván parece saber lo que dice
Con paso lento se acerca a Carolina, sosteniendo su mano que limpia su rostro lleno de lágrimas...

-Ya te dije que no soy el indicado para ti.
-Sé que eso dijiste, pero es difícil. – Carolina sonríe.
-Es verdad, es una forma de explicar en lo que pensaba.
-¿Sigues de ese modo? Yo aun siento algo, y no es débil.
-No puedo decir que no. – Dijo Iván acercándose a Carolina aun más.

Ambos se quedaron viendo por un tiempo sin decir ni una sola palabra.
De la forma en que lo veo,  tienen una historia delicada, donde decir cuál de los dos fue el rechazado es sencillo.

-Yo te quiero Iván. – Carolina baja su cabeza, cerrando sus ojos.
-Al igual que yo a ti...

Ambos terminaron abrazándose, Iván sonriendo y sosteniendo la cabeza de Carolina. Ella, sonriendo y soltando lágrimas... las cuales creo no sean exactamente de tristeza.
Fue un final inesperadamente feliz, el cual no hace más que apoyar en lo que ahora pienso:
Amistad o amor, debemos apreciar ambos como algo especial, aunque haya algunas personas que gusten más de andar a su ritmo.

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